EL DON SUPREMO

HENRY  PIDIÓ  PETADA UNA BIBLIA
A UNO DE LOS PRESENTE Y LEYÓ UN
FRAGMENTO DE LA CATA QUE PA-
BLO ESCRIBIÓ A LOS CORINTIOS.

«Si hablo las lenguas de los hombres
y de os ángeles, pero no tengo amor,
soy como bronce que suena o como
címbalo  que retiñe.
Y si tengo el don de la profecía y conozco
todos los misterios y todo el saber o tengo
fe como para mover montañas, pero no
tengo amor, nada soy.
Y si doy en limosnas todo que  tengo y
entrego mi cuerpo a las llamas, pero no
tengo amor, nada sirve..
El amor es paciente, el amor es benigno;
no tiene envidia; no presume ni se engríe;
no es indecoroso ni busca su interés; no se
irrita  ni lleva cuenta del mal; no se alegra
de la injusticia , sino que goza  con la verdad.
Todo lo excusa, todo lo cree, todo lo espera,
todo lo soporta.
El amor nunca fenece. Si se trata del don de la
profecía, éstas se acabarán; si de lenguas,
cesarán; si de conocimiento, se acabará.
Porque imperfecto  es nuestro saber e imper-
fecto nuestro don de profecía; pero cando venga
lo perfeto, lo imperfecto se acabará.
Cuando yo era niño, hablaba como niño, sentía 
como niño, rezongaba como niño. Cuando me
hice hombre, acabé con las cosas de niño.
Porque ahora vemos las cosas, borrosa mente,
como en un espejo; entonces, las veremos cara
a cara. Ahora conozco imperfectamente ; enton-
ces conoceré cabalmente, con la perfección
con que fui conocido.
Ahora quedan Fe, Esperanza y Amor: estas tres
virtudes . Pero la mayor de ellas es el Amor.»

 

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